martes, 9 de marzo de 2010

El fracaso escolar - Lic. Cortés

El fracaso escolar, una mirada crítica al sistema educativo y a la función del psicólogo.

La escuela surge con un objetivo: educación igualitaria. De manera que se integren los sectores excluidos. Pero el proceso de escolarización, lleva al fracaso escolar masivo, y esto pone de manifiesto la contradicción entre igualdad y equidad.

La obligatoriedad implica que en la misma escuela convivan diferentes clases sociales. Es decir, se pretende alcanzar logros homogéneos en poblaciones heterogéneas.

El fracaso escolar esta fuertemente vinculado a las propias condiciones del sistema escolar. Dicho fracaso se observa como la responsabilidad de inadaptación escolar, siendo este un problema del niño, puramente individual. Contribuye a esto la práctica del psicólogo educacional, quien tiene la función de diagnosticar patologías individuales, modelo que se mantiene para continuar convalidando un sistema educativo excluyente.

Por lo tanto la inadaptación escolar resulta ser un déficit individual. Por esto las pruebas psicológicas, como ser, los test de inteligencia, facilitan la descripción de aquellos comportamientos considerados normales. Los cuales permanecerán dentro de la escuela, mientras que los que sean considerados anormales serán excluidos. Hay que tener en cuenta que la escuela no opera sola, sino por medio de los psicólogos. La psicología legitimó la exclusión del sistema obligatorio. Dichos test se basan en criterios generalizados, sin contemplarse las diferencias individuales. No estoy dudando la confiabilidad y validez de los mismos, sino los fines para los cuales se utilizan.

La escolarización no se vincula al fracaso, no se hace cargo de él, ya que los problemas de aprendizaje y adaptación están relacionados con el niño y su familia. El fracaso de los niños resulta ser un modo de selección. Debe tenerse en cuenta la falta de preparación de los maestros, quienes enseñan cosas diferentes, pero desde antiguas perspectivas, considerando que todo aquello que se enseña, se aprende. Todo contenido que este en el currículo y halla sido dado en clase es aprendido, sin considerar si el alumno efectivamente lo aprendió. En este punto se podría pensar lo que sostiene Valdez, en cuanto a que la situación es la manera en que un contexto es representado por aquellos que participan en ese contexto. Los seres humanos creamos activamente una representación de la situación: no somos receptores pasivos de una representación. Entonces, aunque el niño y el adulto parecen estar participando en la misma tarea puede que cada uno, represente la tarea de manera diferente, entonces no están haciendo la misma tarea.

Por lo tanto, en relación a lo que mencionaba; “Todo lo que se enseña se aprende”, hay que considerar que toda vez que un profesor da por sentado que sus alumnos han comprendido lo que se les ha enseñado, presuponen un universo de significados compartidos, pero en realidad, podría decirse que hay en el grupo de alumnos múltiples definiciones de situación, algunas cercanas a las del profesor, otras algo más alejadas y otras a distancia inconmensurable.

La escuela evalúa aspectos que no enseña. Sabemos que un elemento favorecedor del rendimiento escolar es el “tutoreo”. La escuela da por supuesta una función de tutoreo que nadie explicita, pero de la cual se pide cuenta en las evaluaciones escolares. Esta tarea suele ser cumplida por la madre, a veces el padre, o la persona que está a cargo. Estas funciones no son previstas en la programación escolar, pero son básicas para la organización del conocimiento.

Cuando se les pregunta a los alumnos quién les enseño a estudiar, la mayoría contesta que la familia, algunos mencionan a profesores particulares, y solo muy pocos contestan que la escuela.

Los “fracasadores” no tienen estrategias de estudio. Porque nadie se las enseñó. Y los psicólogos patologizaron/ etiquetaron a estos alumnos erróneamente.

Se logra promocionar, pasar de año, pero no se aprende. Esto también puede observarse, por ejemplo, en el ingreso a la universidad. El fracaso se refleja por la carencia de articulación que existe entre la escuela media y la universidad. Se observa que se llegó hasta esta instancia, logrando promocionar contenidos que no fueron efectivamente aprendidos.

Es importante en este punto considerar a Piaget, en relación a la discontinuidad estructural. Los grandes cambios en el desarrollo no se relacionan con incrementos de información, sino con posibilidades de procesar, de operar con la información, en cada estadio, con los mismos elementos (asimilación – acomodación =adaptación + organización), se hacen cosas diferentes. De acuerdo con el desarrollo que poseo, evaluó que hago con la información.

Considero importante destacar que los contenidos aislados son fácilmente olvidados. Deben tenerse en cuenta los saberes previos de los alumnos, insertos en un sistema de interrelación.

Volviendo al tema de la universidad, Carlino sostiene que las dificultades universitarias no son solamente porque los alumnos llegan mal formados de la escuela media, sino también porque al ingresar a la universidad se les exige un cambio de identidad como pensadores y analizadores de textos. Vemos que en la escuela media los textos científicos se “transforman” para que estos sean aprehensibles para los alumnos, a diferencia de lo que sucede en la universidad, en este punto, a mí entender, se podría ver la falta de articulación entre la escuela media y la universidad. Los textos del secundario borran lo científico y muestran solo el saber. La cultura de la lectura secundaria exige aprender qué dicen los textos y tiende a desdeñar porqué dicen lo qué dicen y como justificarlo.

Un obstáculo, entonces, estaría dado por el carácter implícito de las prácticas lectoras universitarias, que dan por sabido que los estudiantes saben cosas que en realidad no saben, ya que se enfrentan con textos que no están dirigidos a ellos, sino a los académicos. Esto implica que para comprenderlos es necesario tener toda una estructura cognoscitiva, que no se posee. Este aspecto “implícito” podría pensarse como currículum oculto, tanto en la universidad, como en la escuela.

En cuanto al fracaso escolar, hay que considerar el lugar que Piaget le otorga al Error (obviamente todo lo expuesto debe investigarse de manera inherente al campo educativo, ya que dicha teoría no fue pensada para dicho campo). Muchas veces los niños fracasan y el error se lo toma como una falta de conocimiento, hay que considerarlo de otra forma; es el lugar por el cual se pasa para aprender, al igual que la ciencia pasa por el error sistemático para luego realizar un cambio de esquema y llegar a lo acertado.

La obligatoriedad se relaciona directamente con el aumento de la matrícula. Y los niños pobres resultan ser los más afectados, digo esto porque debido a la falta de políticas sociales que sustenten las necesidades básicas, la escuela relega su función pedagógica y se encarga de “dar de comer”.

Vemos que en nuestro país el fracaso se da en los primeros años de escolaridad, altamente relacionado con la provincia de la que se trate, en relación al nivel de pobreza.

La psicología y la educación deben establecer otros modos de relación entre alumnos, familias y docentes, estos no deben discriminar a las familias de bajos recursos. Los psicólogos centran la evaluación en aspectos patológicos, sin que se tenga en cuenta la configuración familiar del mundo actual, desvalorizando a sectores pobres porque se alejan de la “realidad tipo”.

Esto genera un alto índice de repitencia, produciendo lo que Maddoni y Aizencang consideran sobreedad. (Permanencia de los alumnos en la escuela, más allá de los años programados). Por lo que repetir resulta una manera de disponer de más tiempo para asimilar los conocimientos que los alumnos no lograron adquirir la primera vez. Una solución para aquellos niños que son “lentos para aprender”. Pero hay que tener en cuenta que cuando el niño repite, la forma y los tiempos en que se le vuelven a enseñar los contenidos son los mismos, sin ningún tipo de modificación, por lo cual se convierte en un círculo vicioso, ya que no se emplean nuevas estrategias educativas.

Retomando lo mencionado párrafos atrás, vuelvo a destacar que la escuela obligatoria crea a “niños con problemas de aprendizaje”, “niños con problemas de conducta”, esta “etiqueta” acompaña toda la escolaridad, e influye en el fracaso escolar, siendo la patología solo de los niños, no de los docentes, ni de los adultos que trabajan en la escuela. Aquí el psicólogo formado en el modelo médico hegemónico trata a los alumnos como “pacientes”. Desde la perspectiva del MMH la Psicología Educacional está completamente desconectada de lo que es el sistema educativo, sin que halla una adecuada interacción entre el psicólogo y la comunidad.

Por lo cual la Psicología Educacional se convierte sólo en un aspecto teórico sin participar activamente en el campo sobre el cual elabora sus teorías. La Psicología Educacional esta “aislada” de la educación, cosa que no puede suceder. Justamente Psicología Educacional alude a la psicología aplicada al ámbito de la educación, una interrelación entre ambas, en la que no se puede dejar de lado la escuela y sus actores, así como se deben considerar los aspectos educacionales como ser los currículum, la forma que tiene el docente de enseñar (ya que porque algo se enseñe, no significa que sea aprendido), la interrelación real, dentro del aula entre alumnos y docentes, etc. Y desde ahí la psicología puede realizar grandes aportes, que no se limiten solo a diagnosticar patologías individuales, sino que sea un trabajo que permita modificar de manera dinámica los aspectos relacionales y de aprendizaje en relación al contexto, sin individualizar patologías, ni dejando el problema fuera de la escuela, sino que dentro de ella es donde debe buscarse la solución.

Hay que pensar una psicología educacional que se vincule a la escuela, la cual deberá producir investigación específica del ámbito escolar, teniendo en cuenta los factores que la atraviesan (sociales, económicos y culturales).

El fracaso escolar es considerado individual, y no se tiene en cuenta el contexto en el que suceden los acontecimientos. No se piensa a una comunidad educativa en la cual surge la problemática. Se diagnostica individualmente, se estigmatiza con una etiqueta, y se deriva. La intervención sobre el “alumno problema” supone tratar al problema con un solo actor y no con el contexto.

La escuela no es un espacio natural, como ya hemos visto. Es muy diferente el aprendizaje cotidiano, que se da en situaciones de crianza, al aprendizaje escolar, el cual exige un atención selectiva, por ejemplo, que el alumno filtre la información relevante para la escuela y deje por fuera lo que no es relevante, aunque esta selección no sea significativa para el niño. Se produce un pensamiento desvinculado de los intereses de los alumnos. Podemos decir que la escuela genera un uso descontextualizado de instrumentos. Hay que considerar que los índices de abandono y las situaciones de desaprovechamiento de instancias de aprendizaje por parte de los estudiantes son indicios de que hoy los jóvenes le están demandando a este contexto otra repuesta, otros caminos. Para que se produzca el aprendizaje pedagógico es necesario escuchar las demandas de los sujetos, sostiene Maddonni.

Algunos autores consideran que el fracaso escolar es producto de la escuela, la cual es incapaz de acortar la distancia entre el conocimiento escolar y el cotidiano.

En relación a esto Nogueira cita a Mael Pipkin Embón, quien considera en las respuestas de los niños a situaciones problemáticas, dos tipos de estrategias: las que traen como procedimientos de la calle y las que la escuela enseña.

Los niños “exitosos” pueden utilizar bien en la escuela ambos tipos de estrategias. Y los niños “fracasados” no usan en el aula el conocimiento cotidiano y utilizan el conocimiento escolar, pero errando el procedimiento. Ambos alumnos utilizan bien los dos procedimientos en pequeños grupos. Los niños rotulados como fracasados por sus maestros presentan dificultades para vincular ambos tipos de conocimiento.

En el ámbito escolar, el alumno debe adoptar nuevas formas de resolución diferente a lo cotidiano, por lo cual no es asombroso que fracase en esta tarea. Entendiendo al aprendizaje como proceso, es fundamental tener en cuenta los saberes previos del alumno. El aprendizaje requiere comprensión y memoria. Los contenidos aislados, sin interrelación, son fácilmente olvidados. Muchas veces se acude a la reproducción memorística de los contenidos, y se logra promocionar, pero luego se ven los resultados en la inserción universitaria (por ejemplo, ya que también lo vemos a diario en la escuela), donde todo aquello que se “aprendió”, sin haber sido incorporado significativamente en un sistema de interrelación, no puede utilizarse. Notamos que no se internaliza la herramienta, pasando a un plano intrasubjetivo, por lo cual es difícil recurrir a ella.

Reitero que la psicología educacional debe generar teoría inherente al campo de aplicación de la misma, en este caso, la escuela.

Desde esta perspectiva se puede considerar que el fracaso escolar se produce por la forma en que está formulado el dispositivo escolar. Este es de carácter obligatorio, siendo un proyecto adulto, el cual no puede ser abolido por los niños, ya que es prefijado a su deseo.

El fracaso escolar está multideterminado. Para comprenderlo debemos tener en cuenta a la comunidad educativa: alumnos, docentes, pares, padres. Hay que pensar que este fracaso no se produce por una problemática individual, sino que es generado por un contexto en la cual dicha problemática se encuentra inmersa. Se concibe a la escuela como un dispositivo que debe generar logros homogéneos, en poblaciones heterogéneas.

Aquí radica el problema, se plantea una igualdad, que desde su base no puede ser llevada a cabo, ¿por qué?, porque hay que considerar que toda la comunidad educativa es heterogénea, es un cruce de subjetividades, donde debe ser abordada cada problemática como una problemática subjetiva dentro del contexto dado, también subjetivo.

El fracaso escolar se da en un círculo vicioso que el propio dispositivo escolar pone en marcha: individualidad, patología, derivación. Se busca igualar a la población. Y aunque se intenten cosas diferentes, se hacen desde las ópticas pasadas, generando igual resultado, el fracaso. Porque como se mencionó anteriormente, si un niño repite de año, por no haber asimilado los contenidos necesarios, al año siguiente se vuelve a enseñar lo mismo, de la misma forma, sin que nada cambie, lo cual inevitablemente conduce nuevamente al fracaso.

La psicología educacional debe contribuir a aportar teoría inherente al campo educativo, para lo cual se debe trabajar en él. Sería importante, en relación al fracaso escolar, sin caer en el aplicacionismo, trabajar la ZDP, en cuanto puedan evaluarse las actividades que el niño puede realizar con ayuda de otros. Evaluando fundamentalmente el desarrollo potencial, el cual, a través de la internalización de herramientas y actividades sociales, se transforme en desarrollo real. Pienso esto en relación al índice de repitencia. Estos niños no pueden demostrar un desarrollo real en cuanto a lo exigido por el dispositivo escolar, pero… ¿Qué hay del desarrollo potencial? Es interesante pensar en esta línea. Ya que teniendo en cuenta las diferencias individuales, se puede considerar que hay algunos niños que pueden demorar un poco más en transformar el desarrollo potencial en real, pero esto no significa que no estén próximos a hacerlos, o que tengan que repetir el curso para asimilar aquello que no se pudo hacer en el presente año lectivo. Recordemos igualmente que repetir el curso no genera un cambio, sino que es más de lo mismo.

Es favorable tratar a los niños de manera “individual”, pero en el sentido de subjetividad, no en relación a la patología.

Hay que generar en la escuela situaciones de buen aprendizaje, este implica una actividad organizada, que propicia la ZDP, en la cual existe otro (experto), que tiene internalizada la herramienta y sabe como hacer para que el novato pueda llegar a realizar solo la actividad.

Las teorías han sido mal aplicadas al espacio educativo por lo que es fundamental repensarlas en función del campo, sumar y/o modificar aspectos del marco teórico, para poder abordar efectivamente la problemática del fracaso escolar en la comunidad educativa, con todos los actores que esta implica.

Para finalizar y en relación a lo anterior me parece interesante citar una frase de Rolando García, que aparece en el texto de Nogueira; “los cambios en el conocimiento no se debieron tanto al hecho de haber encontrado nuevas respuestas a las viejas preguntas, sino de haber sido capaces de formular nuevas preguntas para los viejos problemas”.


jueves, 25 de febrero de 2010

La interconsulta en salud mental: concepto límite entre lo psíquico y lo somático


El filósofo platónico verifica que en la asamblea del pueblo que toma las decisiones de Atenas, cada uno ve las cosas según el color de su propio cristal... Cada uno construye la realidad en función de sus pasiones, de sus deseos, de sus intereses, y la decisión que de allí resulta no es necesariamente verdadera.”

Campo heterogéneo si los hay es el de la práctica de la interconsulta en salud mental. Otorga al psicólogo en formación la oportunidad de abrir la mirada hacia otros campos, en donde todo toma otra configuración: el sujeto que demanda, la demanda, el tiempo, el contexto, etc. Propongo pensar a la interconsulta misma como un concepto límite entre lo psíquico y lo somático al trabajar sobre las encrucijadas, conjunciones y/o disyunciones entre los dos campos: el médico clínico y el heterogéneo campo de “lo psi”.

Interesante también es pensar sobre los objetivos que se plantea el equipo de interconsulta, algo así como despejar al camino de la cura médica de los obstáculos “psi”. El equipo en el que he tenido oportunidad de rotar definió su práctica como la intervención para que el médico pueda realizar su acto, el abordaje del obstáculo en la estructura del acto médico, con el fin de contribuir en la evitación de la iatrogenia. Lo “psi” será muchas veces algo a “descartar”.


¿Por qué lo “psi” es obstáculo?





El servicio de cirugía deriva a un paciente a una consulta prequirúrgica con el equipo de interconsulta en salud mental, porque “no reaccionó adecuadamente cuando se le informa que tiene un tumor máxilo-facial”. ¿Cuál es la reacción adecuada? Otros pedidos de interconsulta llegarán con frecuencia para determinar si un paciente es “psiquiátrico”, para así poder ser derivado a psicopatología y que no “moleste” a otros pacientes y -sobretodo- al personal. Otros interesantes pedidos llegarán para que Interconsulta defina –sí, defina- si un paciente es capaz de decidir por sí mismo acerca de una intervención quirúrgica riesgosa que no puede ser más que paliativa.

Interesante es reflexionar acerca de lo que implica la emergencia de lo “psi” en el marco del tratamiento médico. Se hablará de pacientes combativos, negativistas, manipuladores. Se demandará por el equipo de interconsulta para “descartar causas psicológicas”, como si lo psíquico no fuera algo a descartar, sino a entreverar de qué modo está involucrado en el proceso de salud-enfermedad. Al parecer, la subjetividad se vuelve obstáculo para trabajar con la objetividad. Así, el sujeto se vuelve también algo a“descartar” del discurso científico médico.

Se trata simplemente de distintos metieres?, ¿se trata de una simplista explicación acerca de que nosotros nos ocuparíamos del sujeto y la ciencia médica del objeto al tratar solo al órgano enfermo? Sin duda, se trata de distintas visiones acerca del paciente y de su tratamiento. No esperamos que el médico se siente al borde de la cama del paciente para escucharlo, pareciera que sólo esperamos de él que ejecute su “acto médico”.

Todo toma su configuración particular en el marco de una cultura médica actual que tiene como ideal la abolición total y rápida del dolor. En contraposición quizás con una postulación psicoanalítica, que piensa a un margen de dolor –en sentido amplio- no sólo como irreductible, inherente a la existencia, sino como motor que pone en marcha al aparato psíquico.

Una Magdalena que no pudo llorar

Decidí trabajar sobre un peculiar pedido de interconsulta que derivó en un caso. El pedido dice “dolor por claudicación familiar. Mal manejo del dolor.” El pedido empieza a despejarse, seríamos llamados para dilucidar si la paciente “miente o no” acerca de su excesivo dolor. Magdalena tiene 69 años, ingresó al hospital por una recidiva de un tumor en la zona del colón de antigua data. Se le había dado de alta luego de la intervención quirúrgica con indicación de tratamiento kinesiológico para recuperar la movilidad. Reingresa con paraparesias porque su familia no pudo afrontar el hacerse cargo de la paciente y de su tratamiento kinesiológico. Se le realizó un bloqueo analgésico en la zona sacra pero el dolor persiste. El equipo médico refiere que sufre un dolor incontrolable, “resistente a todo analgésico” e introduce la pregunta de si no se tratará en realidad de un “dolor neuropático”. Refieren también que cada vez que algún médico entra a su habitación, Magdalena grita de dolor.

En la primera entrevista Magdalena no hace más que referirse a sus dolores físicos. El equipo de IC intenta introducir la posibilidad de que también esté sufriendo otro dolor, un “dolor del alma”. Si bien Magdalena al principio se muestra resistente a esta idea, luego comenta que hace poco su sobrina murió de cáncer de colón. Comete un interesante fallido: “¿por qué a mí y no a ella?”. Refiere que otra sobrina no le permitió llorar por esta pérdida,“no puedo llorar por ella”, dirá. Al parecer este dolor corporal estaría en el lugar de este duelo no tramitado. El registro del dolor psíquico no se diferenciaba del físico, aglutinándose. Esto queda anoticiado en su dicho: “por las noches, cuando me duelen las piernas, aprovecho para llorar por mi sobrina”. El trabajo con la paciente se pondrá como objetivo empezar a diferenciar esos registros, ofertándole un espacio para poder hablar de ese otro dolor, para que por medio de la palabra encuentre otras vías de expresión. Tiene dos hijos de dos matrimonios, esposos ambos fallecidos. “Fue un golpe muy grande”, “mi madre murió a mis 25 años, todavía no me puedo recuperar.” “Mi papá me decía: la vida te da golpes duros”. Muchos miembros de la familia han padecido cáncer. “Es un dolor de locos, no se puede vivir así”. El equipo le preguntará acerca de este dolor que siente y ella dirá muy atinadamente: “yo no miento”. “De la cadera para abajo no siento nada”, pero al mismo tiempo dirá que siente dolor en las piernas. “Quiero otro bloqueo [analgésico] porque mis hijos no me pueden llevar. Ellos no me pueden ver desnuda. Si hubiera tenido dos hijas, aunque sean atorrantas...”

Actualmente se confirmó que hay una recidiva del tumor en la zona sacra, lo que podría estar provocando la parálisis y ¿quizás el dolor?...

Se introduce una pregunta ¿Podría tratarse de una histeria? Ensayemos el sí. En los síntomas histéricos hay una demanda a descifrar. Hay algo del síntoma dirigido al otro, una demanda de amor que si es respondida se legitimará como recurso de ahí en más. En este punto, Freud recomienda al médico respecto de los síntomas histéricos guardarse de manifestar de manera demasiado nítida su interés por estos últimos, pues así los alentaría. En esta trampa es en la que cayó también el equipo de interconsulta, al preguntarle siempre “¿sintió dolor?”, favoreciendo la producción sintomática y por ende gozosa acerca de su dolor. La queja somática como recurso al otro es un fenómeno... que da cuenta del sutil trasvasamiento del dolor psíquico al dolor físico por vías semejantes a las de la conversión. En este sentido, considero que Magdalena encontró en el dolor una forma de demandarle al otro. Es muy fácil ante la histeria, quedar ubicado como el que da o no da -en este caso más analgésicos- como el que sacia o no la demanda. Por mi parte, mi estrategia de intervención con la paciente, disponerme a escucharla, empezar a posibilitar hablar de otra cosa. En repetidos encuentros hablará del dolor que siente en sus piernas. Intenté introducir otra cosa, remitir a un posible s2 que la saque de la constante autorreferencia al dolor, desplegar otros discursos que le permitieran salirse un poco de la posición doliente. Se trata ante todo, de ofrecer la escucha a la singularidad, lo que hace a ese dolor propio, que no puede ser sino subjetivo.

¿Estamos realmente ante un síntoma neurótico? Encrucijada en la que no hay que quedar atrapado: mientras el psicólogo oferta su escucha y su lectura, seguramente el equipo médico seguirá tratando de constatar las fuentes del dolor, solicitando un electromiograma y una resonancia. En función de todo, se llegará a la decisión de continuar con el placebo o indicar mayores dosis de analgesia. Mientras tanto, el dolor empieza a ceder levemente. El equipo médico indica al equipo de enfermería que empiece a ensayar con los rescates de placebo. Estos resultaron efectivos.

Artificio interesante si los hay, el placebo implica algunos supuestos. Supone al mismo tiempo que algo del síntoma no es orgánico, ya que no necesita una droga “real”, y por otro lado le supone un poder a la palabra del profesional: el paciente creerá que el elixir que le da lo curará. Y esta “fe” tiene sus efectos terapéuticos. La eficacia del placebo nos delata que hay algo del cuerpo que responde a otros influjos.

Acerca de dolores, duelos y sus “bloqueos”

En este punto recordamos un dilema que propone Freud en su gran texto sobre la angustia. Allí dice que la angustia nace como reacción frente al peligro de la pérdida del objeto. En el caso del duelo, también se reacciona ante la pérdida del objeto, es una reacción doliente. Se preguntará ¿Cuándo la separación del objeto provoca angustia, cuándo duelo y cuándo quizá sólo dolor? No dejará de tener su sentido que el lenguaje haya creado el concepto del dolor interior, anímico, equiparando enteramente las sensaciones de la pérdida del objeto al dolor corporal. Freud nos dice que a raíz del dolor corporal se genera una investidura elevada, que ha de llamarse narcisista, del lugar doliente del cuerpo. [...] Pero el trabajo de duelo por una pérdida de objeto, el desinterés por todo lo que no implique al objeto perdido y su intensa investidura ¡crea las mismas condiciones económicas que la investidura de dolor del lugar lastimado del cuerpo y hace posible prescindir del condicionamiento periférico del dolor corporal! En este punto, dolor corporal y duelo se colocan en la misma serie. Es esta justamente la coyuntura que encontramos en Magdalena, un dolor corporal intenso que ocupa el lugar de una pérdida de objeto que no se permite elaborar. En este sentido, ofertar un espacio para permitirse duelar a ese objeto, encausaría la investidura corporal al ámbito psíquico.

Freud va dar cuenta de otro cuerpo, que excede al orgánico, se trata de un mapa de significantes cartografiados sobre el organismo, un trazado “caprichoso”, que no responde a las “leyes anatómicas”. Ese cuerpo puede hablar cuando hay algo que el sujeto no puede decir, se tratará entonces de si se está dispuesto a escucharlo. Dice Freud en uno de sus primeros textos: La histeria es una neurosis en el sentido más estricto del término... no se han hallado para esta enfermedad alteraciones {anatómicas} perceptibles del sistema nervioso. ...descansa por completo en modificaciones fisiológicas del sistema nervioso. Consisten en una anestesia o una hiperestesia, y en materia de extensión y grados de intensidad muestran una libertad máxima, que no se alcanza en ninguna otra enfermedad. Algunos de estos elementos ya nos permiten pensar en una histeria en el caso de Magdalena.

He aquí de lo que peca la histeria. Los fenómenos histéricos tienen preferentemente el carácter de lo excesivo: un dolor histérico es descrito por el enfermo como doloroso en grado máximo; una anestesia y una parálisis fácilmente pueden volverse absolutas.[9] Es la manera en que Magdalena nos describe su dolor. Es justamente este carácter el que condena a las histéricas a ser enjuiciadas como “manipuladoras”, “dramáticas”, “simuladoras”.

Respecto de la terapia analgésica Freud nos coloca ante un dilema ético. Un sistema nervioso histérico exterioriza, como regla, gran resistencia a todo influjo químico por medicación interna, y reacciona de manera directamente anómala frente a narcóticos como la morfina y el clorhidrato. Recetar narcóticos en una histeria aguda no es más que un grave error médico. ¿Cómo proceder en este punto, cuando Magdalena no hacía más que quejarse del dolor, y los estudios médicos no podían terminar de confirmar la “veracidad” de estas dolencias? En la histeria el influjo de procesos psíquicos sobre los procesos físicos del organismo está acrecentado (como en todas las neurosis). La histeria misma se presenta como un concepto límite entre lo psíquico y lo somático, conversión mediante. Respecto de esto se derivarán discusiones entre los “psi” y los médicos acerca de si un paciente es histérico u orgánico, dependiendo de si su enfermedad y respuesta al tratamiento se ajusta a lo esperado. Es en esta dialéctica donde se jugarán los vericuetos de la interconsulta.

Interesante es el lugar que Freud le deja al médico frente a la histeria. En ninguna otra enfermedad puede el médico obtener logros tan milagrosos o quedar tan impotente. Es en parte lo que pude observar en su equipo médico tratante, desconcierto, incertidumbre “ya no sabemos que hacer”. Magdalena era un gran enigma para el equipo médico y también para el equipo de interconsulta.

Mentiras verdaderas

Se cae en una trampa al querer determinar si un dolor es “psíquico” o “verdadero” –es decir, orgánico, objetivo-, ya que al intervenir los factores psicológicos de registro e interpretación del dolor, este será siempre una experiencia psicológica. Este prejuicio sobre la histeria tiene su historia, sus estados se consideraban mera simulación y exageraciones, y por consiguiente indignos de la observación clínica. Se trataría entonces de correrme de este pedido de “verificación”, dejando en suspenso las posibles justificaciones orgánicas para ese dolor y empezar a escuchar a la paciente ...permitiendo procesar el dolor, es decir, pasar a un sufrimiento psíquico útil que inicie todo un proceso de historización... que le de un sostén elaborativo a la afección que le dio inicio.

No puedo evitar recordar las palabras de Freud cuando en tono de resignación confesó “mis histéricas me mienten”. Pero llegará a una sabia conclusión: En lo inconciente no existe un signo de realidad, de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investida con afecto. Lo interesante que destacará Freud es que no por ser fantasías estas pierden su eficacia traumática. En este sentido, la escucha analítica le otorgará al decir del paciente el valor de verdad. Ahora bien, no podemos cegarnos ante el hecho de que se trata de la escucha psicoanalítica en un contexto particular, el de una internación clínica, y que el acto médico necesita de nuestra dilucidación para determinar en parte la indicación de aumentar o no la medicación analgésica. Se convertirá entonces en un desafío sostener la tensión entre lo demandado por el equipo médico y la posición ética del analista.

La bolsa o la vida

Si el equipo piensa su intervención como mera “limpieza de obstáculos psi” para allanar el camino del acto médico puede caer en una encrucijada insalvable, un camino sin salida. Ya que no hay tal dicotomía entre lo psíquico y lo orgánico, la pregunta acerca de si un dolor es psíquico u orgánico nos deja ante una opción que no puede ser más que reduccionista. En este punto recordamos un interrogante de Freud: ¿Son los síntomas de la histeria de origen psíquico o somático? Esta pregunta... –dirá- no es adecuada. El estado real de cosas no está comprendido en la alternativa que ella plantea. ...todo síntoma histérico requiere de la contribución de las dos partes. No puede producirse sin cierta solicitación... somática brindada por un proceso normal o patológico en el interior de un órgano del cuerpo... A fin de cuentas, no se trata de una opción “histérico u orgánico”, una histeria no desdeña una afección orgánica, y una afección orgánica no desdeña que se produzca en un sujeto neurótico. Magdalena nos lo ha demostrado. Quizás esto sea indicio de que no hemos abandonado del todo el precepto dicotómico cuerpo-mente.

Lic. Emilse Perez Arias

licenciadaperez@yahoo.com.ar


* Trabajo que ha ganado Mención especial en las XIV Jornadas de Residentes del área Metropolitana. Noviembre de 2007.


sábado, 20 de febrero de 2010

Jóvenes profesionales - Jóvenes estudiantes - Jóvenes con secundario terminado

Hoy en día a muchos jóvenes se les dificulta la inserción laboral por diferentes motivos de acuerdo a la situación en la que estén y al grupo al que pertenezcan, ¿poca demanda? ¿mucha demanda? ¿exigencias irrealistas?


Comencemos por los jóvenes profesionales, quienes han terminado a los 24 años (apróximadamente) su carrera universitaria y no encuentran un lugar donde insertarse, tienen que comenzar realizando prácticas ad honorem en su profesión, mientrás trabajan de otra cosa para poder sustentarse y continuar sus estudios de posgrado. En esta etapa surge confusión, ansiedad, angustia, sale a la luz el sentimiento de no pertenecer. La recompensa en dinero por el trabajo que uno realiza permite aumentar la confianza y autoestima, así como afirmarse en el campo. Cuando esta no existe surgen sentimientos encontrados hacia la profesión, lo que hace que se retrase la identidad profesional que se busca obtener.
Otros consiguen trabajar de su profesión recibiendo honorarios institucionales, esto muchas veces provoca el sentimiento de denigración. Algunos tienen que pagar para poder comenzar la inserción.
Como vemos, el campo esta dividido...

Para los jóvenes estudiantes tenemos mayoritariamente ofertas en call center como telemarketers, estas son las que más abundan y en las que más existe rotación de personal.
A las empresas extranjeras les conviene terciarizar el servicio para comercializar sus productos y atender a sus clientes. Un europeo que compra un celular, quizá es atendido en soporte técnico por un argentino y así en otro rubros.
Hay mucha presión, el sueldo es básico más la comisión por venta. Es un trabajo que genera mucho estrés a los jóvenes, pero es la opción para poder seguir estudiando.

Los jóvenes con el secundario terminado también pueden acceder al telemercadeo y a otros puestos de atención al cliente, por lo cual quizá no está tan clara la diferencia entre el joven profesional que se emplea en algo no realacionado con su carrera y el joven estudiante que se encuentra en la misma situación...

Complejo y coincidente, pero así sucede... la mayoría de los tres grupos termina con un empleo similar anhelando la posibilidad de crecimiento... ¿Qué opinan?

Celia Débora Cortés Alegre
Lic. en Psicología
MN: 45.821
MP: 61.672

martes, 2 de febrero de 2010

Entre dos mundos: la infancia y la adultez - Por Noemí Di Donato


“ La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir, nada hay mas insensato que pretender sustituirlas por las nuestras ”Jacques Rousseau (1712- 1778) Filósofo Francés.

No es para nada casual que comience mi artículo con esta frase de Rousseau. Es necesario que comencemos a reflexionar acerca de las situaciones que llevan como protagonistas de hechos delictivos a los menores. ¿Qué es lo que esta pasando? ¿Piensan uds. que estos jóvenes actúan premeditadamente? ¿Es válido analizar esta temática tan conflictiva desde la resolución de algunos políticos que proponen la baja de imputabilidad?

Seguramente debe existir en cada uno de sus hogares estos interrogantes y muchos más. Vamos a intentar esclarecer algunos conceptos.

El sujeto parlante justamente por el hecho de hablar lo hace desde diferentes lugares y esos lugares no son cualquier lugar sino que esta determinado por la pertenencia que el individuo denote. Es así como Lacan determinó la existencia de cuatro discursos: el discurso del amo, el discurso universitario, el discurso jurídico, el discurso del psicoanálisis.

Los analistas que trabajamos con menores que han delinquido o que son víctimas de violencia observamos la gran diferencia existente entre el modus operandi del juez y nosotros. Es de gran importancia poder explicitar en qué consisten estas diferencias para poder entender y porqué no comenzar a pensar en nuevos modos de abordaje de la delincuencia juvenil así como también de la construcción de la prevención correspondiente.

El aparato jurídico se posiciona en el lugar de búsqueda de la verdad, para ello evalúa la conducta manifiesta; mientras que el analista va a trabajar con lo latente que se va a inferir desde lo manifiesto. En ese sentido la ley para el juez debe ser conocida y tiene que dar respuestas, el sujeto es tomado como un objeto.

¿Pero de qué verdad se habla? ¿Cúal es la verdad de estos niños que salen a matar?

En esa postura se conocerá que el adolescente es actuador y estos adolescentes más aún. ¿Cómo van a poder conocer la ley si no han sido atravesados por la ley del padre, esa ley que permite la instalación de los límites que van a operar en la construcción de la subjetividad?

Estos niños carecen de un sin número de condiciones básicas para la restructuración de su psiquis que los dejan a merced del devenir de la vida y los coloca en un lugar de objeto y de esa manera actúan. Cuando el joven sale con un revolver sale a matar o morir. En este punto el juez exige la explicación, la certeza y el niño no se la pueda dar y la institucionalización del menor tampoco lo lograra.

No lo logra porque el menor tampoco lo sabe. Hay que trabajar con estos adolescentes desde otro lugar hay que permitirles la escucha, el fortalecimiento de vínculos con el Otro.

Se escucha con frecuencia a quienes han sido víctimas de la pérdida de un ser querido manifestarse adherir a la cárcel en forma perpetua. Es comprensible el dolor ante tamaña perdida pero trato que se comprenda de manera incipiente los factores que están posibilitando el delito. En esa puesta en escena delictiva de los menores hay una demanda de ser tenidos en cuenta, de ser tomados como sujetos de la cultura como cualquiera de nosotros.

Una de las maneras de intervenir es aquella que han comenzado a poner en práctica algunos jueces y que consisten en la integración de programas donde el menor se inserta en trabajos terapéuticos que le permiten ir pudiendo simbolizar, ya que una de las fallas graves de estos niños es la incapacidad de simbolizar, es decir a poder ser hablado y hablar de sí. Para ellos la palabra y la acción son lo mismo.

Días pasados una colega me contaba que estaba trabajando en uno de estos programas y uno de los jóvenes que le había sido derivado era porque había matado a otro: ¿qué lo llevo a hacer eso? Le pregunto y me cuenta que la víctima le dijo que donde lo viera lo iba a matar; este joven fue a su casa, tomó un revolver y lo mató, lo mató porque lo había dicho: nada más. Fíjense como las palabras tomaron el espacio de la actuación en él, no lo simbolizó, lo actuó. La pulsión se hace hacer.

Amerita reflexionar entonces que es menester comenzar a poner en práctica los programas que dan lugar al trabajo de los analistas para que estos jóvenes puedan advenir sujetos, esa es la manera que puedan comenzar a considerar al semejante.

¿Otra pregunta a realizarnos sería porqué algunos jueces tiene la mirada puesta en estas cuestiones y otros no? ¿Porqué no pueden establecer otras pautas desde un trabajo realmente interdisciplinario?

Aún les resulta ajeno entender que el sujeto es acorde con su causalidad psíquica, su singularidad, su historia y su contexto.

La proliferación del delito en los jóvenes está relacionado con las políticas públicas que han diseminado leyes donde los sujetos mas vulnerables han quedado expuestos a la realización de tareas no acordes con su edad debido a la expulsión sistemática de sus padres del mercado laboral.

Estamos vivenciando momentos difíciles para los seres humanos: ¿ no será el momento propicio para comenzar a trabajar en equipo dejando de lado la cuestión del poder?

Lic. Noemí Di Donato


domingo, 24 de enero de 2010

El liderazgo y su falsa interpretación - Noemí Di Donato

Dice Freud en “Psicoanálisis de las masas y análisis del yo “: “la masa es extraordinariamente influible y crédula; es acrítica, lo improbable no existe para ella”.
Este comienzo con las palabras de Freud nos introduce en el emblemático concepto de líder. En los tiempos que corren en nuestra sociedad somos testigos de la manera en que ciertos individuos se relacionan con el conjunto constituyéndose como modelo a seguir. El sujeto desde sus inicios en las relaciones primigenias con sus primeros amores, padres, hermanos trasladándose más tarde a maestros, amigos, médicos, experimenta el influjo de adquisición de aquellos/as que hayan obtenido una enorme importancia para él.
Ahora bien, este proceso que se da en un individuo en particular se extiende al grupo de aquellos que toman a una determinada persona como su admirador partidario. En este punto es válido mencionar que ese conjunto detenta lo que denominaríamos la pulsión social que al decir de Freud no seria originaria e irreductible y que los comienzos de su formación puedan hallarse en un círculo estrecho, como el de la familia.
Pensando reflexivamente en aquellos que se encuentran en los espacios del poder podríamos decir que son tomados o mejor dicho, se permiten colocarse en un espacio que les otorga cierta cuota antonomasia que subyuga a la masa.
Dos de los factores mas preponderantes que inciden de forma categórica en la masa tiene que ver con el contagio y la sugestión. El líder despliega mediante sus discursos un contingente de influencia de fascinación y contagio en la masa que refuerza la sugestión originaria.
La masa es impulsiva, voluble y excitable. La guía el inconciente. ¿Por que planteamos esto? Pues los impulsos a los cuales obedece pueden ser, según los sucesos, nobles o crueles, verdaderos o mentirosos, pero en cualquiera de los casos son tan soberbios que nunca se impone lo personal.
¿Será por eso que muchos de nosotros no encontramos respuestas frente a la elección masiva de algunos personajes del poder?
Podríamos decir que para dar cuenta fehaciente de la moralidad de la masa es justo conocer que al reunirse los individuos en ese conjunto desaparecen todas las inhibiciones y se adhieren a una libre satisfacción pulsional todos los instintos crueles, destructivos, que se encontraban latentes en el individuo como reedición del tiempo primordial. Pero bajo el influjo de la sugestión, las masas son capaces también de elevadas muestras de abnegación, desinterés, consagración de un ideal. En este segundo concepto de las masas deberíamos apoyarnos como ciudadanos para comprometernos a modificar algo de nuestra corrupta realidad. Teniendo en cuenta que en el individuo aislado la ventaja personal es frecuentemente el móvil exclusivo, rara vez predomina en las masas.
En otro orden de cosas en las masas el rendimiento intelectual es siempre inferior al del individuo, su conducta ética puede tanto sobrepasar con creces ese nivel como quedar muy por debajo de él.
Convengamos que la masa está sujeta al poder mágico de las palabras; ástas provocan las más temibles tormentas hacia el interior de las masas como también las apaciguan.
Nuestra sociedad hoy sabe que ciertos personajes de la gestión pública maniquean y sostienen actitudes ilusionistas donde lo irreal prevalece sobre lo real
Esto es tan así que los actos de corrupción recurrente son defendidos hasta desde el punto de vista de una legalidad apabullante y esto sucede porque la masa es un rebaño obediente que nunca podría vivir sin señor. Posee tal sed de obediencia que se subordina instintivamente a cualquiera que se designe su señor.
Al respecto Le Bon manifiesta que los conductores o líderes de las masas adquieren su predicamento por las ideas que lo fanatizan a ellos mismos
Si de fanatismo se trata estaríamos en condiciones de cuestionarnos los espacios que hemos dejado libres para que incursionen determinados individuos en el quehacer de la vida de nuestro país, que sucedió que muchos argentinos dicen “ a mi me parecía que era buena persona, por eso lo vote”, y no han podido realizar un análisis de su actuar como funcionario. Sucede entonces que se ha producido el consabido enamoramiento del sujeto con ese Otro que palabras mediante, lo captura y pasa a coincidir con el Ideal del Yo de aquellos que quieren afianzar su deseo desde la sobreestimación.
Quizás haya llegado el momento de cuestionar nuestro concepto de elección. Me refiero puntualmente a meditar cual es el criterio que debe reunir aquel que consideramos apto para que dirija nuestros destinos como nación.
¿Uds. opinan que estamos destinados a seguir siendo masa o aun podemos albergar la esperanza de ser republicanos?


Lic. Noemí Di Donato
Psicóloga U.B.A
Magister U.B.A
Doctoranda.







sábado, 16 de enero de 2010

¿Qué es enfermedad? - Luis Bernal

Durante una conversación, que se mantiene con un grupo de personas diabéticas, se exponen puntos concernientes a la psicología aplicada a la clínica. Dentro de este marco se aborda la alteración de tipo psicosomática, explicando que la misma produce un desequilibrio a nivel orgánico en cualquier aparato corporal u órgano. Dicha alteración al examen no puede ser mejor explicada que por causa de estrés psicológico, esto quiere decir que los fenómenos mentales canalizan el conflicto en su pretensión de completar una gestalt perturbando lo físico. Algo que suena comprensible si entendemos que el ser humano no es una división (cuerpo,alma). Al considerar al hombre como un ente único, ente, en el cual no hay división, todas las enfermedades podrían recibir el apelativo de psicosomáticas, y si se desea, resultará lo mismo decir somatopsíquicas. Todas las personas en algún momento de su vida están predispuestas a contraer algún malestar; habrá sujetos con mayor predisposición hacia algún tipo de alteración que será característica de su personalidad, o que durante el transcurso de su vida podrán experimentar dolencias de distinta clase, según la nosología (clase). En base a esta aseveración, se reconoce igualmente que el estrés será un constituyente que repercuta en –X- momento en la vida de cada uno de los individuos. Sin lugar a dudas es posible diferenciar perturbaciones afectivas, comportamentales, cognitivas, orgánicas. A más de producir sensación de malestar subjetivo a nivel corporal, dicho desequilibrio toma un referente interpretativo. En base al darse “cuenta” de que lo somático o mental no esta sintiéndose o funcionando de la misma forma en que lo hacían. Los diferentes desequilibrios (enfermedad), son causados por agentes sobre los que no se posee control, esto parece estar claro para la mayoría. Ya que quién desearía enfermar por propia voluntad. Sin embargo que sucede, cuando la propia psicología de las personas, va generando desequilibrio de cualquier orden. Tal vez, no se pueda hablar de que la voluntad consciente ha entrado en juego. ¿Pero qué tipo de estructuras psíquico-afectivas dan paso a la desorganización de la personalidad, entendiendo personalidad en su mas amplio espectro? Al hablar de enfermedad, se reunirán un número delimitado de signos y síntomas que manifiestan el desequilibrio. La enfermedad es poseedora de subjetivismo en cuanto existe o está presente en el sujeto que la adquirió. Empero es poseedora de observación directa dependiendo de la intensidad de la enfermedad. Por ejemplo, una depresión leve resultara menos obvia que una depresión Psicótica. ¿Qué tipo de función pretende cumplir la enfermedad? Alertar al organismo de que su caminar no marcha correctamente; y de que se tendrían que tomar las medidas necesarias para corregir dicha marcha. Posiblemente así sea. ¿Qué papel desempeña la psicología (conciencia, entendimiento, aceptación- y contrarios), al momento de adquirir, mantener, exacerbar o remitir una enfermedad? ¿Que tipo de programaciones mentales (anteriores, posteriores) se involucran en desórdenes de cualquier clase especialmente en las más severas? Para dar respuesta a estas interrogantes, es necesario considerar a la persona como individualidad, lejos de estadísticas y descripciones que solamente otorgan un patrón común en base a los signos y síntomas que por supuesto son similares tanto si se habla de enfermedad mental o física. ¿La enfermedad puede ser un motivante de aprendizaje y desarrollo? En casos mínimos esta pregunta tendrá un encuentro directo con lo afirmativo ya que las construcciones mentales de estas personas posibilitan aquello. En otros casos, muchos por supuesto, la misma pregunta será respondida guiada por lo negativo o menos optimista. Lo socio-cultural es mantenedor de varios prejuicios e ideas distorsionadas que se van dando de generación en generación, así la enfermedad será considerada como algo muy negativo y perjudicial de lo que hay que escapar. Esta manera de construir el concepto irá afectando a la colectividad. Si bien es cierto que lo ideal y "funcional" es encontrarse la mayor parte del tiempo en “equilibrio”, no lo es menos, que de lo que se ha dado por llamar enfermedad también se podría sacar algo bueno o positivo que impulse al ser que la posee a un crecimiento psico-fisico-espiritual.
Lic. Luis Alberto Bernal S.

sábado, 2 de enero de 2010

"Acerca del Narcisismo" - Por Noemí Di Donato

En 1914 Freud escribía acerca del Narcisismo: “un complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de autoconservación”…
Con esto Freud está diciendo que es un asunto de cada uno en su juego pulsional general, hacia diferentes intereses que lo comprometen como sujeto connotando el registro tanto de las neurosis como el de las psicosis.
El narcisismo como tal tiene su origen en el narcisismo parental como explica Freud “Nos formamos así la imagen de una originaria investidura libidinal del yo, cedida después a los objetos”.
Es decir que comporta una relación entre una investidura yoica y una investidura parental sin la cual la investidura yoica o del si mismo se pueden sostener, ya que no hay un sujeto psíquico que preexista a la relación con los padres, pues es con el contacto con esos padres, movido por su cariño y su odio hacia ellos, como el sujeto se estructura de una manera determinada.
Desde este planteamiento teórico que les propongo subyace un significante: la sobreestimación. Que quiero decir con esto? Pues que aquel sujeto concebido como ideal por parte de sus padres al decir de Freud no han de dar vigencia para el afecto, ni la enfermedad, muerte, renuncia al goce, las leyes de la naturaleza y de la sociedad han de cesar ante él, y debe ser el centro y el núcleo de la creación.
Esto viene a intentar explicar la actitud de ciertos personajes que se encuentran gestionando en nuestro país. Apoyándonos en ese marco cómo podrían registrar la consabida alteridad si el Otro no existe en su psiquismo; lo único predominante es el cumplimiento de su deseo.
Pensemos en algunas de las intenciones de aquellos que ejercen las funciones gubernamentales y que pretenden insertar en la sociedad. ¿Están vinculadas con un estado de derecho? ¿Representan las necesidades de los ciudadanos? Por supuesto que no, pero desde esta estructuración narcisista apelan a las más sofisticadas prácticas para dar cumplimiento a su objetivo.
Lógicamente que toda propuesta se manifiesta enmascarada en un acto democrático que por supuesto sostiene el eslogan de respeto por los derechos humanos.
En esta perspectiva de pensamiento en la interacción dinámica de las expresiones de estos individuos con su estructura psíquica he de destacar, para su mejor comprensión, que la libido e interés yoico moran unidos e inseparables en el interior del yo que se contenta a sí mismo. En este punto se podría decir que el narcisismo es el complemento libidinoso del egoísmo. Existe un cierto gozo en el sujeto que no abandona ya que el registro de su realidad psíquica así lo constituye. El egoísmo cuidará que nada ni nadie perjudique al yo.
Entonces nos encontramos ante una administración de poder que se encuentra enferma y eso es lo peligroso. Un sujeto que no puede equilibrar sus emociones y que mediante sus acciones cosifica al resto no se encuentra en condiciones psíquicas de dirigir nada.
A esta altura de mis revelaciones resulta mas que evidente la necesidad que los ciudadanos de este país comiencen a exigir un examen psicofísico de aquellos que quieren postularse para cualquier cargo. Si lo digo desde el convencimiento que no es suficiente con la militancia hace falta nada mas ni nada menos que coherencia psíquica.
¿No lo creen imprescindible?

Lic. Noemí Di Donato (U.B.A)
Magister/ Doctoranda